28 May 8:51 am

Otra lectura del pacto

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Andrés L. Mateo

¿Hay una lectura diferente del pacto político entre Leonel Fernández y Miguel Vargas? ¿Reproduce este pacto algo más que la vivencia opresora de la manipulación social que históricamente han practicado los viejos y nuevos caudillos? ¿Es este acuerdo la recurrencia a la aventura mesiánica de identificar todo acontecer con la ambición de los líderes?

En el prototipo inmóvil de nuestra existencia todos los límites son posibles. ¿Por qué los actos del poder están rodeados del misterio, investidos de lo genial, esculpidos en la ambigüedad expansiva de la inteligencia; eludiendo siempre los planos de la institucionalidad? ¿No hace apenas nueve meses que el presidente Fernández proclamaba que su reelección había transcurrido sin trauma, contrario a la experiencia del autoritarismo reeleccionista en que se ha desenvuelto la vida social dominicana? ¿Quién manda en la historia? ¿La desmemoria se ha vuelto razonable, forma parte de una cínica ética que apela al orden, a la gobernabilidad? ¿La letanía de un país moderno, fundado en la idea de la justicia, despojado del azote de la corrupción, se la tragó el pragmatismo? ¿No es ese mismo hombre que se ve obligado a inventarse el pacto quien mueve a su antojo el brutal peso específico del Poder Ejecutivo, y colma sus ansias reeleccionistas violentando todas las normas institucionales? ¿Miguel Vargas dejó de ser el empresario enganchado a político, el delincuente internacional? ¿Y la Sun Land no es ya una asignatura pendiente del sosiego de equidad que demanda este pueblo?

Puede que la brevísima arqueología lingüística con la que se escribió este pacto de caudillos diga más con lo que deja de decir, que con lo que dice. Toda palabra, toda gramática, se deshace en el halo de la instrumentalización a que el poder la somete. Una lectura implícita es la que recurre a la evolución despótica de la historia dominicana, que ha agotado todas las perversiones. La pequeña burguesía no tiene nunca verdaderas crisis de relación, sino enfrentamientos de humor y vanidad. Leonel Fernández designa a Miguel Vargas como “el otro” de su ambición, e instaura la reelección a intervalos. Que quede claro, la reelección no está eliminada, sino que ha sido transportada a las regiones de una humanidad superior.

Pero, hacia la oscuridad de las causas, hay otra lectura que atañe exclusivamente a los dirigentes del Partido de la Liberación Dominicana. Sin él, sin el Príncipe, el PLD no gana elecciones. Leonel Fernández aprendió que el partido político más poderoso del país es el Estado, y no le conviene que ningún otro dirigente del PLD pueda ganar unas elecciones, y descubrir el gesto alcahueta del signo del poder. Quienes aspiren a candidatearse por el PLD deben tomarlo en cuenta, porque lo que le hizo Balaguer a Jacinto Peynado es poca cosa ante lo que les espera.

clavedigital.com.do

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