Exposición en Encuentro de Autoconvocad@s Plaza Bolívar
Manuel Salazar
Si participo en este encuentro es solo por el respeto a los que me invitaron y porque creo que entre los grupos que surgen, son de los mejores habilitados para dar solución a la unidad amplia progresista y de izquierda, y a la posibilidad de que surja una fuerza electoral de ese signo; que son problemas planteados desde hace tiempo, sin que se haya logrado una solución hasta el momento. Ese respeto y creencia me hacen romper mi habitual resistencia a hacer de expositor.
Por estos días se ha estado opinando con respecto al pobre desempeño electoral que ha tenido la izquierda en sentido general y en menos de 15 minutos quiero aportar nuestra visión sobre este particular.
Hay tres hechos que en nuestra opinión hacen parte de los fundamentos de los pobres resultados electorales de la izquierda:
I.- El primero es la Abstención.
La abstención de 1962 y continuas actitudes abstencionistas en circunstancias políticas que pudieron ser aprovechadas para un posicionamiento político-electoral, como es el caso de 1978 y quizás en 1990, ha dejado a la izquierda fuera del imaginario de poder del pueblo.
Esa actitud, es resultado de limitaciones, déficits, o como quiera llamársele, para comprender los momentos políticos y definir las tácticas, maniobras y tareas que corresponden. Se dice con frecuencia que a la izquierda le ha faltado “vocación de poder”. Puede que sí, pero creemos que lo más importante no es eso, sino, que la izquierda no ha sabido valorar los momentos políticos y la forma que en estos asume la búsqueda del poder, o partes de este.
Además de que las lecturas de la realidad nacional se hicieron casi siempre mediante reflexiones o experiencias de procesos extranjeros.
Los que se fueron a Manaclas y otros frentes guerrilleros en noviembre de 1963, tenían las miras puestas en el poder y en ese sentido “pusieron el pellejo en juego”, pero su decisión, aunque heroica y digna de encomios, fue errónea. Porque la cuestión del poder se había definido en las elecciones de 1962, cuando el 14 de Junio se abstuvo dejando todo el espacio a otras opciones, aún y cuando tenía liderazgo e influencias para afirmarse como parte del poder y entrar en el “imaginario de poder” del pueblo.
El pueblo podrá tener conciencia o no, pero si sabe que la posibilidad de resolver los problemas, las tienen los que ostentan el gobierno. El Estado es entre otras el principal empleador, y son conocidas las limitaciones de la economía dominicana en su conjunto para generar empleos más o menos bien remunerados. A la dirección del Estado se ha llegado hasta ahora mediante elecciones desde hace casi 50 años. Referimos al poder del Estado en su dimensión económica, dando por descontado que se entiende que también tiene un poder para imponer valores y reprimir de las más diversas formas.
La abstención de 1962 fue un error de dimensiones históricas, no solo por la pérdida de Manolo Tavárez, que de por si es mucho; sino porque inauguró la práctica de la izquierda de mantenerse al margen de los procesos en que se define la cuestión del poder. Nos parece que ese error se reiteró una y otra vez en otras circunstancias, hasta generar en gran parte del pueblo la creencia de que la izquierda no es para participar en elecciones, sino para la guerra. Pero una guerra que al margen de que haya tenido o no espacio, tampoco ha sido asumida con consecuencia, y no ha pasado de pintadas con sprays en las paredes de las ciudades, lanzamientos de petardos durante las huelgas y declaraciones altisonantes de algunos dirigentes.
En el mejor de los casos, el pueblo ha asumido la izquierda para la lucha social. La ha asumido parcialmente.
En nuestro país son escasas las formas de participación política. Prácticamente las campañas electorales son la forma única de participación política. Si esto es así, puede entenderse la dimensión del problema que así misma se generó la izquierda ausentándose de los procesos electorales.
II.- El segundo es la pobreza y la exclusión, en tanto han sido insumos para un mercado de conciencia que se ha movido de menos a más, hasta afirmarse en la vida nacional y hacer del dominicano un sistema electoral de clientelas.
A la par en que se afirman las elecciones como el mecanismo mediante el cual se quitan y ponen gobiernos en el país, mecanismo en el que como se ha dicho la izquierda se ausentó por mucho tiempo, creció la pobreza y la exclusión, e igual la capacidad de los partidos que han manejado el poder para convertirlas en insumos de sus proyectos electorales. La pobreza y la marginalidad son los principales aliados de los grandes partidos.
Hoy día, lo que menos importa a la gran masa de posibles votantes son los ideales respecto a un mañana mejor, o a una esperanza, que es lo que por lo general ha ofertado la izquierda. Las necesidades del día a día son las determinantes. Afirmadas por una labor ideológica que promueve valores como el consumismo, el hedonismo, el cuánto tienes, tanto vale, etc.
Cuando la izquierda se decidió a participar en las elecciones, esta realidad estaba bastante avanzada, moviéndose de menos a más. Hoy día, el ejercicio del poder y la posesión de dinero, son las claves de la fortaleza electoral. La izquierda no tiene ni lo uno ni lo otro.
III.- El tercero es la división, la falta de una estrategia de participación y hacer de los méritos el fundamento de la oferta electoral.
A partir de 1982, puede decirse que la izquierda entra a la participación electoral, y lo hace dividida en dos bloques de candidaturas, a la par de que otra parte de la izquierda entendíamos que ese paso era desacertado, y hasta traición. En la mayoría de los procesos en que la izquierda ha participado, lo ha hecho dividida en varias candidaturas, e impugnada esa participación por sectores de la misma izquierda.
Además de dividida, la participación ha sido un acto, un hecho, no parte de un proceso coherente. Es como decir, el 16 de mayo hay elecciones y vamos a participar, sin la organización apropiada para la lucha electoral, sin definir los sectores en los que puede tener aceptación, y en una actitud más o menos equivalente al decir “estoy aquí pero no soy yo”, porque en buena medida se ha asumido la participación electoral teniendo que hacer confesiones de que se participa, pero con la mente puesta en la “manigua”.
Sumemos a esto lo esporádico en la participación. No puede decirse que hay una participación continua de la izquierda en los procesos electorales, la que más ha participado es una sola tendencia de un conjunto amplísimo, incluso acosada la más de las veces por ese conjunto.
Con todo esto, la pretensión ha sido una especie de pase de factura, ofertando méritos alcanzados en la lucha revolucionaria y de masas, acicalados con moralidad y fidelidad a los dogmas de principios generales, a cambio de los cuales el pueblo ha debido responder apoyándonos en las urnas.
Esta es nuestra reflexión, muy general y planteada muy en esquema.
IV.- Lo actual.-
El 16 de mayo del 2010, habrá elecciones. Se debe hacer el esfuerzo de participar, para no fortalecer la tendencia abstencionista que tanto daño ha hecho. A nosotros nos interesa seguir desarrollando una cultura de participación y terminar de consolidar una visión estratégica de intervención en las elecciones, que supere la prisa de llegar al escenario tres meses antes de las votaciones, o ver la participación electoral como un hecho estanco de la lucha política general.
Queremos disponer de nuestros escasos recursos en determinados puntos, municipios o circunscripciones, dirigir una campaña a nichos específicos de votantes, en la que además de la comunicación general, dispongamos del cuaderno y de la elemental capacidad de listar y sumar, en el contacto cara a cara, que debe ser el principal recurso de nuestros candidatos y candidatas.
Esto es lo fundamental. Es a lo que debemos salir por barrios y campos la semana próxima.
Tres cuestiones más hacia el 2010. La primera: hay que asumir que desarrollamos este trabajo en una República terrenal, y no en la Inmaculada del Olimpo. La segunda: hay que superar la peregrina creencia de que solo en la izquierda, organizada o no, hay gente seria y que quiere cosas buenas para el país. La tercera: hay que abandonar el dogmatismo, en la práctica, y no solo en las palabras, y atrevernos a pactar con candidaturas del litoral liberal- progresista, que existe en el país, en la sociedad en general y en todos los partidos, poniendo como condición no los principios ni el compromiso revolucionarios, sino condiciones mínimas como son el compromiso a una gestión congresual o municipal democrática avanzada, atravesada por la honestidad en el manejo de los recursos públicos; ningún vínculo con el narcotráfico ni con crímenes políticos.
Para que haya acuerdos de este tipo, se necesita que más de una de las partes esté en esa voluntad. Por tanto, siempre será una posibilidad. Lo que no puede ser posibilidad, sino una realidad incontestable, es la voluntad de salir ya a las calles y callejones de los barrios, y a las comunidades campesinas a trabajar lo propio, candidatos y candidatas, programa y discurso.
En cuanto a la unidad, nuestra esperanza es que en medio de la Babel actual, las tendencias de igual o parecido adn político se acerquen, o se unan, como hemos hecho los constituyentes de ACCION POR EL CAMBIO; en curso a que en el mediano plazo, todos o la mayoría de los polos así configurados, concertemos para una gran alianza, multiforme y diversa. Dos cosas serán necesarias a ese fin: la primera, reducir hasta eliminar la competencia, impugnaciones y tensiones entre las distintas tendencias, crear un ambiente de respeto, amistad y colaboración, así se planteen con claridad las diferencias. La segunda, eliminar la pretensión de fin en si mismo de cada tendencia, y asumirse como parte dispuesta a cohabitar en un conjunto, en relaciones de complementariedad con las restantes, así destaquen identidad y perfiles particulares.
27 de junio, 2009.-
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