Reverdece la esperanza
Ante la queja ciudadana el gobierno ha hecho lo de siempre, ignorarla y, además, exhibir orgulloso el poder que ejerce.
A veces mis amigos me acusan de ser un optimista perdido y sin causa. No sé si es cierto, probablemente lo sea. Pero no puedo negar que cuando soy testigo de fenómenos como las protestas en contra de la cementara en los Haitises me lleno de emoción y esperanza.
Esa emoción no se limita a la cívica, sino –y soy sincero- que incluye la personal. Quizás es mi ateísmo lo que me lleva a ver los milagros en la obra humana y no en la divina, en el esfuerzo y el compromiso de personas limitadas por su mortalidad pero capaces de trascender la inmediatez.
El conflicto en torno a la citada cementera es complejo y nadie puede afirmar tener la verdad absoluta. Lo único que sabemos es que hay informes contradictorios, que la posición de la SEMARENA es “donde dije digo, dije Diego”, que el secretario de Medioambiente asegura que la cementera vas porque la decisión viene de “arriba” y que la misma se colocará obscenamente cerca de un parque natural de gran importancia ecológica. Yo de todo este embrollo sólo puedo sacar una conclusión: Que en caso de duda lo mejor es ubicar la cementera en un lugar donde no amenaza, ni por asomo, el equilibrio ecológico de los Haitises.
Claro, ante la queja ciudadana el gobierno ha hecho lo de siempre, ignorarla y, además, exhibir orgulloso el poder que ejerce. En esta ocasión, sin embargo, las cosas no han salido como de costumbre. La protesta ha continuado y cada día gana más adeptos.
Además, los jóvenes que se han convertido en protagonistas de la misma han asumido su discurso y decidieron acampar en Gonzalo, el poblado más cercano a los terrenos donde se quiere construir la cementera. Como consecuencia de ello, la construcción de esta planta industrial, que había pasado desapercibida para la mayor parte de los ciudadanos durante meses, se ha convertido en uno de los temas más importantes de debate público en el país.
Y todo eso se lo debemos a esos jóvenes que, genuinamente preocupados por su país, han asumido seriamente el significado de la palabra ciudadanía. Y la han asumido con una integridad que debe avergonzarnos a todos los que sólo los apoyamos desde lejos o en espíritu.
Y más aún a quienes, arropados por la desidia más irresponsable, sólo ven las incomodidades que les causan las protestas o, peor aún, simplemente los consideran unos revoltosos. No lo son, muy por el contrario, nos están dando una lección envidiable y necesaria de civismo. Y lo hacen por encima de los compromisos de parte de la sociedad o, incluso, de la amenaza cobarde de un gobernador que se considera “jefe” de la provincia de Monte Plata y que les advirtió que es mejor que se vayan antes de que “la sangre llegue al río”.
Sólo el tiempo dirá cuál será el resultado de este movimiento. Ojalá que no sufra las consecuencias de otros similares, que se disolvieron cuando los cambios políticos apuraron su fecha de caducidad. Pero creo que no será así, las preocupaciones de estos jóvenes no se limitan a las que pueden relacionarse con su bienestar material personal. Han dicho “presente” en circunstancias variadas desde que comenzaron a organizarse, no luce que sean un simple destello.
Quiero felicitar a María del Mar Mella, y a través de ella a todos sus compañeros y compañeras, por haber asumido el reto que mi generación rehuyó. Es en ellos y en su lucha por salvar los Haitises que reverdece la esperanza.
Por Nassef Perdomo Cordero
Fuente: http://www.clavedigital.com/App_Pages/Opinion/Firmas.aspx?Id_Articulo=14902

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