14 Jul 11:16 am

Bloqueo a Honduras: ¿discurso o compromiso?

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Pavel Isa

Honduras vive uno de los episodios más ominosos de su historia moderna. Las cúpulas empresarial, política, eclesiástica y militar de ese país se confabularon para sacar violentamente del país al presidente constitucional Manuel Zelaya. La prisa, la torpeza y los obstáculos constitucionales dieron al traste con los esfuerzos por vestir de legalidad la acción, y terminó develándola como lo que era: un golpe de Estado.

Esa cúpula no le perdona a Zelaya que le haya desbaratado el jugoso monopolio del almacenamiento de combustibles logrando reducir los precios de los hidrocarburos, que haya abierto el mercado bancario a la competencia internacional logrando reducir las tasas de interés y los márgenes de intermediación de los tradicionales grupos financieros locales, que haya afectado el negocio maderero al buscar proteger los bosques y reducir el ritmo de tala, y que haya duplicado el salario mínimo en diciembre pasado. La fundamentalista cúpula católica tampoco le perdona que haya vetado una ley que hubiese prohibido la “pastilla del día después”. Finalmente, no le perdonan que intentara impulsar un proceso para una reforma constitucional, a efectuarse una vez ya no fuera presidente, que democratizara las instituciones, a costa del poder de ellas.

A nivel político, la respuesta internacional, y especialmente la regional, ha sido un contundente y unánime rechazo. Sin embargo, el lenguaje principal que entienden esas élites golpistas es económico. Por ello se ha planteado la posibilidad de imponerle al régimen de facto sanciones económicas, en particular comerciales. Desafortunadamente, las perspectivas de algo como esto no son del todo claras.

En 2008, Honduras exportó unos 6 mil millones de dólares, por turismo recibió poco más de 600 millones, por remesas unos 3 mil millones, por inversión extranjera menos de 900 millones y por créditos otros 800 millones. Es obvio que la acción golpista, las movilizaciones populares y la represión alejarán al turismo. Las inversiones también se verán afectadas, y el crédito y las donaciones están siendo cerrados. Asumiendo que las remesas no serán afectadas, y no tienen por qué serlo, el total de ingresos en grave riesgo suma 2,300 millones o el 20% de todas las divisas que generó Honduras en 2008.

Pero, ¿qué podría pasar con las exportaciones de bienes que explican más de la mitad de los ingresos de divisas? Los socios comerciales de Honduras son muy claros: Estados Unidos y Centroamérica. En 2008, Estados Unidos compró el 40% de todas las exportaciones de Honduras, y vendió poco menos de ese porcentaje de todo lo que importó ese país. Centroamérica, en especial El Salvador y Guatemala, compró el 28% de todo lo que Honduras exportó y vendió algo más del 20% de lo que ese país importó. En conjunto, esos países explicaron casi el 70% del total de las exportaciones y más del 65% de las importaciones de Honduras. En manos de ellos está el poder de penalizar a los golpistas.

Sin embargo, ambos tienen algo que perder de una movida como esa. Para la administración Obama, interrumpir el comercio no tiene costos económicos relevantes por la pequeñez de Honduras, pero sí políticos pues aparecería muy cerca de los gobiernos de izquierda de la región, lo que lo hace blanco de la derecha conservadora de su país dificultando su agenda interna (salud y economía) la cual, comparada con Honduras, es mucho más prioritaria.

Para Centroamérica, en particular Guatemala y El Salvador, el problema es que la dependencia comercial es mutua. En 2008, las exportaciones de Guatemala a Honduras representaron un 13% del total y las de El Salvador un 16%. Aunque una eventual ruptura comercial con esos países lastima más a Honduras, todos salen perdiendo. Además, por su posición geográfica Honduras es un punto de tránsito terrestre casi obligado para el comercio intrarregional. Sacar a ese país de circuito implica interrumpir también el comercio entre el resto de los países.

Así, a las complicaciones propias de cualquier embargo comercial, en particular el hecho de que no sólo afecta al empresariado sino a la población en general, se suma los costos políticos y económicos para esos gobiernos. Por ello, la posibilidad del embargo pone a prueba el grado compromiso de ellos con la salida de los golpistas.

Las cartas están echadas. Las acciones de las organizaciones populares dentro del país podrían estar causando serios problemas económicos, y podrían, a mediano y largo plazo, revertir el golpe. Queda por ver si éstas serán respaldadas por quienes, desde fuera, dicen estar comprometidos con la democracia y con el retorno de Zelaya. El resto es palabrería. Y no hay que llegar muy lejos hasta afectar al pueblo hondureño: la sola amenaza (incluso discreta) de sanciones comerciales podría quebrar la unidad de los golpistas y acortar la crisis.
Publicado en: http://www.clavedigital.com/App_Pages/Opinion

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