Confianza y diferencias sociales
Tahira Vargas
La confianza en la sociedad dominicana es uno de esos rasgos culturales donde más se plasman las diferencias sociales.
En los estratos populares niños y niñas se socializan en relaciones de confianza con sus vecinos y vecinas y con las personas que habitan en sus comunidades. No le tienen miedo “al extraño”, “al otro” y tienen mucha facilidad para establecer relaciones en distintos espacios.
En los carros públicos y guaguas la gente se va sentando y conversando con la persona que le queda al lado sobre diversos temas que oscilan entre los problemas sociales del país, las condiciones económicas, el clima, hasta detalles de su vida intima. “Mire que la cosa esta mala, uno da vuelta y vuelta y no consigue de na’, y como t’a la gasolina, se lo ponen difícil a uno”. “Yo he dado 8 vueltas desde las 6:00 de la mañana que salí de mi casa y solo he conseguido 300 pesos, así no me puedo ir a mi casa”.
En muchos casos se plantean conflictos familiares y se le pide a la gente que le recomiende soluciones para ello. “Yo tengo a mi hijo enfermo, lo he llevado a la Angelita dos veces y nunca me lo atienden, me dicen que el no tiene n’a, pero si tiene muchísima fiebre y no se le quita, que yo puedo hacer, dígame usted que cree? Igualmente las personas tienden a pedir consejos con relación a medicinas o tratamientos que puedan darle a sus hijos e hijas. Estas consultas se producen muchas veces por la desesperación que tienen muchas madres como resultado de las dificultades de acceso a los servicios médicos y a los problemas de atención presentes en los hospitales donde por más viajes que den no se le ofrece una atención efectiva y de calidad.
Estas relaciones de confianza también se presentan en las visitas a los hogares en los barrios marginados y comunidades rurales. La gente recibe a las personas sin conocerlas, les abre las puertas, le brindan café y conversan sin presentar barreras para el diálogo e interacción social.
Estos elementos de confianza no se encuentran en los estratos medios-altos. Las residencias en los hogares de estratos medios tienen su verja cerrada, para entrar hay que llamar con anterioridad o establecer relaciones primarias con sus propietarios, sino no se abren las puertas. En los espacios de interacción social como los grandes centros comerciales, la gente entra a los ascensores y no conversa ni interactúa al menos que se conozcan. Las personas de estratos medios-altos en nuestro país desconfían mucho del otro, y miran con recelo a las personas que tienen a su alrededor. Los gestos presentes en las caras de las personas y en su tránsito en calles y espacios abiertos muestran pocas posibilidades de abrirse a la interacción social. Esta desconfianza se agudiza con el ascenso social y está vinculada a cierto miedo al “otro” que se ha construido de una exageración mediática de la realidad de inseguridad o de la posible amenaza presente en las calles que no se corresponde con el flujo permanente de personas en transportes públicos y “a pie” que se mueve cada día en la ciudad de Santo Domingo.
Igual ocurre en los vecindarios de los estratos medios-altos. En muchos residenciales, vecindarios y edificios de apartamentos de la ciudad de Santo Domingo la gente no se conoce, el vecino no conoce a la persona que vive en la residencia cercana y menos aun las que circundan su zona. Son muy débiles las relaciones vecinales basadas en la solidaridad y reciprocidad como se presentan en barrios y comunidades rurales.
La confianza está altamente vinculada a la cohesión social. La presencia de relaciones de confianza en los grupos sociales permite una mayor cohesión social y mejores condiciones de convivencia social. La desconfianza por el contrario genera rupturas en el tejido social, fortalece el miedo, la inseguridad y afecta notablemente la armonía interna y la cohesión social en los sectores sociales.
Hay que fomentar la confianza en las relaciones sociales en los estratos medios-altos. Se necesita hacer conciencia de que la interacción con otras personas en espacios públicos y en los vecindarios no afecta su seguridad, por el contrario puede contar con un tejido social que le de apoyo y seguridad. Una campaña a favor de la confianza hacia los “otros” disminuye las tensiones sociales y favorece la armonía social.
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