Leonel y los blimblines
Andrés L. Mateo
Somos seres de ceremonia, y hay que jugar a la pasión para sentirla. Cuando un intérprete de reguetón hace de sus blimblines la sustancia mortal de su alma, y en un momento relampagueante cambia sus actos en gestos, la comedia le permite hurtarle el mundo al espectador. Los blimblines son esos artefactos brillantes, guindajos dorados, guillos barrocos, cachuchas ladeadas y lentes de querubines, que hacen creíble la alternativa de la mentira que en la ceremonia el reguetonero despliega. Es como si tuviera dos vidas, y las dos fueran falsas.
Pues bien, he descubierto que el Presidente Leonel Fernández también se pone sus blimblines. Particularmente cuando habla en el extranjero, o cuando habla para extranjeros, uno se queda azorado mirándole los guindajos dorados refulgir en su boca, extasiado porque sus deseos reales quieren ser más prevenidos que colmados. ¿Quién habita ese país que él describe? Me pregunté este fin de semana, leyendo algunas entrevistas que ha concedido a periodistas españoles. ¿Cómo es posible que el gobernante de todos los dominicanos hable como si no habitáramos el mismo espacio geográfico, como si la realidad se pudiera esfumar con el signo suficiente del lenguaje?
En la historia del pensamiento hay siempre un aristocratismo que priva a la mayoría de las posibilidades de conocer. Si algo han descubierto los pensadores posmodernos, que el Presidente suele citar, es el hecho de que el Estado no sólo monopoliza el poder sino que monopoliza también la razón. Hegel decía: “El pueblo representa la parte que no sabe lo que quiere”. Y Fichte, ese agudo pensador Alemán, sostenía que “la comunidad no puede ejercer el derecho de coerción sobre sí misma”. Hay la idea elitista de que la dominación le corresponde al saber. Pero el presidente Fernández, al hablar con extranjeros, va más allá. Sus blimblines esfuman al país verdadero. Un país con uno de los índices más altos de inequidad social. Una nación lastrada por la corrupción generalizada. Una oferta educativa en el escalón más bajo de la valoración mundial. Un sistema de salud que es la antesala al infierno de Dante. Un país sin energía para el desarrollo. Una nación abatida por la delincuencia. Un nivel de pobreza cercano a la destrucción del colchón de la pequeña burguesía, y un larguísimo rosario de vicisitudes, no se pueden disolver en la capacidad verbal de un Presidente que se cree con la licencia platónica de hablar libre de las restricciones de lo concreto.
¿Cómo puede alguien cuya responsabilidad es resolver nuestros problemas diluir la realidad que todos los dominicanos percibimos todos los días? ¿Puede alguien creer que habla y actúa por azar, cuando sus menores palabras prefiguran nuestro destino?
Un reguetonero puede hurtarle el mundo a sus espectadores, mientras mueve el sonajero de sus blimblines. Yo no me puedo embelesar con los bimblines de un Presidente que quiere hacer póstuma la realidad más viva.
1 Comment
agosto 14th, 2009 at 3:17 pm
Muy buen paralelismo querido profesor, le he admirado siempre por sus cualidades en el uso del lenguaje para poner en perspectiva la realidad humana, me enciende leer este articulo y me traslado a mis tiempos de mozalbete sin una idea real del comportamiento de mis semejantes a diferentes localidades en la escala economica que divide la sociedad, recuerdo a los “gagaces” en los bateyes del Este, tambien a los “Guloyas’ en San Pedro de Macoris (que tiempos !!!!!!!). Leer la palabra “bimblines” me hace obligatoriamente pensar en esas dos figuras de la tradicion de los nosotros los dominicanos/as, y ahora razono y creo alcanzar a entender las razones de la existencia de estas expresiones de la cultura nuestra, un escape, una cura, un disfraz, es mi modesta interpreatcion a estas, y es precisamente lo que veo, oigo y alcanso a entender sobre la manera en el que “Presidente” maneja la sana conducta del pueblo. Los Blimblines, el hablar del Presidente, los Gagaces y los Guloyas todas son manifestaciones culturales dominicanas resultado de busqueda de escape a la realidad que nos afecta,cada una de ella hecha a la medida propia del nivel social donde se mueve. No se apague esa pluma Profesor Mateo