30 Sep 6:13 am

De esperanza a vergüenza nacional

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César Pérez

Sí, definitivamente, el proceso de descomposición que vive el PRD y que lleva casi una década, ha sido llevado al punto de no retorno por la nueva facción que lo controla. Los sórdidos hechos ocurridos antes y después de la recién finalizada Convención, además de los acuerdos entre el jefe de dicha facción y el presidente del PLD, constituyen los puntos más salientes de ese proceso.

Así como a Danilo Medina, según sus palabras, lo venció el Estado, el poder del dinero del erario público, a Guido Gómez y Peña Guaba los venció el poder del dinero de un proyecto político que no para mientes en su búsqueda del control del Estado (para reproducir ese dinero). En ambos casos, el fraude se hizo fundamentalmente antes de que echasen y contasen los votos: a través de la compra de voluntades, del miedo y de un sistema de extorsión a la militancia para que votasen por los candidatos del jefe/facción, como el usado por la mafia siciliana en su etapa primitiva.

Los votos, que legalizan los fraudes que se hacen antes de las votaciones casi siempre terminan imponiéndose. Para ello, en este caso, la facción vencedora cuenta con el control del aparato del partido y la ayuda de la Junta Central Electoral, a la cual no le importa la esencia del proceso de elección sino, a lo sumo, el aspecto formal del mismo. Peña Gómez logró demostrar el fraude que le hizo Balaguer porque tenía el control del partido y porque él era Peña Gómez.

La lucha de Guido Gómez y Peña Guaba, es más compleja de lo que ellos podrían imaginarse, pues su enemigo no es sólo Miguel Vargas y su destemplado entorno, sino, para decirlo con Touraine, “la totalidad de los despersonalizados, “racionalizados”, burocratizados modos de acción del poder socioeconómico”, que configuran ese nuevo PRD (mutación esta que está en proceso en el PLD).

Su enemigo es, siguiendo a Touraine, el entramado de relaciones intrapartidarias basadas en las lealtades al jefe/facción que reparte recursos materiales y puestos de poder en el partido y eventualmente en los puestos en liza en el 2010 y en el soñado gobierno del 2012, por lo que su lucha más que contra un enemigo de carne y hueso es contra algo intangible: el miedo.

Esa lógica perversa, la cual a ellos no le es ajena, porque con ella han convivido y hasta contribuido a entronizar en la cultura de ese partido, constituye el valladar que deben romper. Aunque es justo es reconocer que Guido Gómez, que en el proceso de su lucha por el puesto de secretario general, ha tenido un discurso de denuncia y combate a la referida lógica, de ahí su excelente desempeño electoral.

En tal sentido, todo aquel que a nivel personal o grupal adversa a Miguel Vargas, porque según ellos este quiere erigirse en un autócrata, debe entender que este no es sólo el problema del PRD, pues la esencia de lo que hoy sacude ese partido es la lógica a la cual hemos referencia y la corrupción generalizada en esa colectividad, como consecuencia del germen degenerativo que las facciones inoculan a los partidos el cual los desdibuja como proyecto colectivo de clases o grupos sociales.

El llamado “consejo de sabios” a que apela Luís Abinader y que Guido Gómez aprueba para que establezcan “lo ha pasado en los centros de cómputos” no revertirá el resultado del conteo de los votos de un fraude que hace mucho tiempo se hizo. Además, estos “sabios” no supieron enfrentar lo que venía y no sólo eso, por momentos se les ha visto aplaudir y no combatir eventos que han sido eslabones claves del curso del nuevo PRD, como fue en la Convención mostrenca que parió la recién celebrada.

Todo parece indicar que la lucha de los avasallados tiene que ser en un escenario que trascienda el corrompido marco partidario. Por el momento no veo dónde ni cómo, lo que sí se puede decir es que los resultados de esta Convención y los pactos por la nueva constitución han hecho que el PRD, de esperanza haya devenido una vergüenza nacional, una leche derramada.

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