Ciudades y Playas sin “chopos”
Tahira Vargas/Clave Digital
La sociedad dominicana ha contado en distintas décadas con políticas de cirugías urbanas y sociales basadas en la expulsión de los pobres de la ciudad y de lugares de recreación. Los proyectos turísticos y las construcciones de grandes obras se fundamentan en ello.
Las políticas urbanas que se desarrollaron en el gobierno de Balaguer y que continuaron en los gobiernos de Leonel Fernández se han basado en la expulsión de los pobres de la ciudad, una “limpieza de la ciudad” de aquellos que “la afean” y así se produce la supuesta “modernización” de la misma.
A estos desalojos se le agrega la aprobación de una constitución que legitima la total privatización de las playas, ríos y lagunas. Las pocas playas que no han sido privatizadas pasarán a ser legítimamente propiedad de grupos empresariales que les interese usufructuarlas para obtener ganancias con la construcción de hoteles o villas, o funcionarios que ocupen las playas para construir sus villas de descanso.
Este atentado contra el patrimonio natural y cultural de nuestro país es ya un hecho. Solo tienen derecho a la recreación los que tienen dinero para pagar un hotel un fin de semana en las Terrenas, Punta Cana o Juan Dolio o aquellas que tengan villas y casas de veraneo. Negar el derecho a la recreación y al uso del espacio público a la población es una violación del ejercicio ciudadano y una legitimación de la desigualdad social y la exclusión.
¿No será que menosprecian a esa mayoría de la que depende su presencia en el congreso, no la quieren cerca?
El rechazo y el desprecio por la presencia de los sectores pobres, “los chopos” y “las chopas” de las playas es evidente. El termino “chopo” o “chopa” es un término insultante y degradante que utilizan las elites para discriminar a los sectores pobres en su estilo de vida. Se le llama “chopa” a las trabajadoras domesticas, expresión que las degrada porque “no saben vestir” y no tienen las costumbres de los estratos medios y las elites.
Es una expresión de la intolerancia cultural que se presenta en los estratos de medianos y altos ingresos, que evitan “juntarse” con personas pobres porque “afean” el entorno. Esta intolerancia bañada de una estética de desprecio a las manifestaciones provenientes de la pobreza ha estado presente en las políticas urbanas y llega a su máxima expresión en nuestra nueva constitución, una constitución excluyente e intolerante.
A nuestros legisladores y grupos de poder le molesta la presencia de los pobres en la ciudad, en las playas, en los ríos, balnearios y lagunas. No quieren ver las ollas con locrio de pollo o espaguetis con pan en la playa, ni el baño con los tubos, el ron y la bachata. Han decidido acabar con las giras de las escuelas para las playas, ríos y balnearios.
Sin embargo, quieren que “chopos” y “chopas” (que representan las mayorías) voten por ellos en las próximas elecciones, ¿cómo piensan que serán reelegidos por la población si le están negando a sus votantes el derecho a la recreación y al uso del espacio publico que nos pertenece a todos y todas?
¿Será que los estamentos de poder prefieren entregarles las playas, ríos, saltos y balnearios a extranjeros como el alemán que ha convertido el salto de Bayaguana en su propiedad y cobra US $ 10.00 para entrar?
A la larga nuestro país ya no nos pertenece, se está convirtiendo en “propiedad privada” de los grupos de poder, le pagamos los impuestos, pero nos expulsen de ella y nos convertimos en extranjeros en nuestra tierra.
Comments are closed.