01 Oct 6:11 am

Juno Moneta

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Andrés L. Mateo

Juno Moneta es la más erótica de todas las diosas del Imperio romano. Y no era porque estimulara el apetito sexual, sino porque bajo sus dominios estaba la fábrica del dinero, y el dinero tiene una libidinosa estructura que todo lo transforma.

Desde Willian Shakespeare, pasando por Francisco de Quevedo, hasta el estudio del hechizo enajenante de la mercancía que hizo Karl Heinrich Marx, esa capacidad de alterar la naturaleza de las cosas que el dinero tiene ha sido motivo de asombro.

Como asombroso es el hecho de que en la sociedad dominicana de hoy la Santa protectora del pueblo no es la Virgen de la Altagracia, porque la mismísima Juno Moneta, la erótica diosa del dinero en el Imperio romano es la que tiende su manto sacrosanto sobre el país. Ningún discurso de deseo, ninguna escala de valores sustituye esa realidad avasallante: Es ante el dinero que la sociedad dominicana está postrada. Es el dinero el que descifra por anticipado el mecanismo del poder a través del cual se escamotea la historia, y se trampea el sentido colectivo de un determinado momento.

¿Cuánto cuesta un diputado? ¿Cuántos millones hay que tener para aspirar a síndico?

¿Qué es un regidor, sino un sinvergüenza con chaleco que siendo “honorífico” se llena la faltriquera de dineros públicos?

¿Los millones que necesita un Senador, para llegar a serlo, es igual a la suma de sus salarios, con todo y barrilito?

¿Y el núcleo mismo del ejercicio de los liderazgos no descansa en el poder del dinero, antes que en las ideas, o en las propuestas de regeneración social provenientes del pensamiento?

Cuando Leonel Fernández llegó al poder se pavoneaba con las ideas, y hasta fustigaba esa genealogía trágica de nuestra historia. Protegido por la coartada de su fragilidad, bien pronto descubrió el poder del dinero. Más de cincuenta y cinco mil millones de pesos costó su reelección al país, y el vuelo agresivo de su ambición es capaz de desarreglarlo todo, contando con el presupuesto de la Nación. Pese a su gran pirotecnia verbal, su práctica está inscrita en la desvergüenza que sopla desde el ayer.

Es lo que ocurre con el PRD. Si el PLD se ha convertido en un semillero de jorocones, el PRD es ahora el partido que más se asemeja a una empresa.

¿Miguel Vargas Maldonado es un líder sublime, que atrae por sus propuestas, que aguarda, como un momento furtivo de la espiritualidad, el instante apropiado para superar el presente angustioso y disoluto; o es, en cambio, el poder del dinero el sustento de su liderazgo?

¿Es un líder de masas o la cabeza de un grupo empresarial que mete de contrabando sus intereses, haciéndolos pasar como los intereses y las aspiraciones del pueblo?

¡Maldita sea! Es a Juno Moneta a quien hay que rezar en este país, y no a la Virgen de la Altagracia, porque el dinero es nuestro verdadero Dios.

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