05 May 10:47 am

Los peligros del caudillismo de Leonel Fernández

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Por Pedro Catrain

Las declaraciones del Presidente Fernández sobre el impedimento de reelección de Álvaro Uribe por una sentencia del Tribunal Constitucional, pueden ser premonitorias de una estrategia para el periodo post-electoral, la cual está teniendo una presencia invasiva en estas elecciones en la que él no es candidato.

La democracia colombiana se ha desbloqueado, abriendo nuevas alternativa como el liderazgo de Antanas Mockus, revelándonos la falsedad  que justifica la continuidad en el poder, bajo el pretexto de que podemos dar un “salto al vacío”, ante la desaparición de un caudillo constitucional.

El dilema entre autoritarismo y democracia carcome la democracia bajo la modalidad del Estado de Excepción (Agamben), o el caudillismo constitucional (Volpi). Los precarios equilibrios que viven los sistemas democráticos conforman una franja ambigua entre la política y el derecho, quedando afectada la legalidad democrática por el abuso de poder que realizan figuras como Chávez, Álvaro Uribe, Daniel Ortega y Leonel Fernández.

La democracia del siglo XXI que pregona Fernández bajo el argumento de que un Tribunal Constitucional no puede impedir que un presidente popular pueda reelegirse indefinidamente, expresa serios peligros que pudieran estar configurando una dictadura de la mayoría.  Hans Kelsen lo expresó con mucha razón “El destino de la democracia moderna depende en gran medida de una organización sistemática de todas las instituciones de control. La democracia sin control no puede durar”.  En este  principio se encuentra  la esencia de la democracia como un sistema de mayorías cambiantes, donde no puede existir una omnipresencia de la mayoría, sino  un sistema donde la minoría tiene que tener canales institucionales de representación para que pueda convertirse en mayoría.

La existencia de esa franja nebulosa entre autoritarismo y democracia, se mide en la medida en que los gobernantes estén controlados y disciplinados por las normas constitucionales, éste es el principio de legalidad del Estado de Derecho. Por las recientes declaraciones de nuestro Presidente, todo parece  indicar que  pretende propiciar una especie de fascismo constitucional en el sentido de Carl Schmitt, quien exalta la democracia plebiscitaria, mediante la aclamación de la masa, que le confiere un poder ilimitado e incontrolado  al gobernante para actuar en función de la “supervivencia de la nación”.

El “Vuelve y vuelve”, de cada semana congela la presencia  mediática de Leonel Fernández, montado en su jipeta negra  proyectando su imagen todopoderosa, de quien tiene en sus manos las riendas del Estado, ese “Ogro Filantrópico”.  Su estrategia electoral consiste en dimensionar ese Estado que aplasta a sus adversarios internos y externos, que compra conciencias, que nos estruja nuestras miserias. No se trata de falta de escrúpulos, que los comedores económicos repartan comida en los mítines del PLD, que se repartan papeletas amarillas, rojas y azules, que la nómina del gobierno se abulte, que sobre el dinero para el transfuguismo, que se asfalten las calles de todos los pueblos durante la campaña, por el contrario,  se trata de una manifestación grosera del clientelismo que ha prostituido hasta los más profundo nuestra forma de hacer política.

Esa imagen de un Estado omnipresente refleja la debilidad de Leonel Fernández como uno de los peores Presidentes de America Latina en estos momentos, (sólo comparable con Lula, Bachelet o Tabaré Vásquez),  ni él, ni sus ministros, alcaldes y congresistas merecen estar un sólo día más en sus cargos. Sólo la existencia de la más poderosa red mafiosa y clientelar que se haya instaurado en nuestra historia y la torpeza del PRD, que no va a perder, sino que va dejar ganar al PLD, por sus reiteradas “imbecilidades”, como dice con toda lucidez Rosario Espinal, explican esta absurda realidad.

La Cúpula del PLD, se ha convertido en el grupo económico más poderoso de nuestra sociedad, a través de todas las fuentes de la corrupción pública. Con excepciones muy contadas, todos los ministros han pasado por el único banquillo de acusados que existe, el programa de Nuria Piera. El PLD, nos ha conducido no sólo hacia un Estado Fallido, sino a algo mucho peor, un Estado anómico (sin normas).  Leonel Fernández muestra una veneración por las leyes, pero al mismo tiempo muestra el más burdo desprecio a su cumplimiento, este ha sido su mejor caldo de cultivo para la corrupción y la impunidad.

Nuestra democracia enfrenta un gran riesgo ante el bipartidismo PLD-PRD, que la corroe y amenaza. No hay tiempo de cambiar la prostitución de la política en este proceso electoral, y es muy probable que después del 16 de mayo, los dos partidos principales no colapsen todavía, pero seguro, el continuismo de Leonel Fernández, con las distorsiones que ésto representa en la política económica del Estado, encontrará conflictos con grupos económicos importantes y la gran insatisfacción social que despertará después de la resaca electoral, pues, como decía Octavio Paz, no hay peor día, que el día después de la fiesta. Los conflictos latentes en un PRD sin liderazgos potables, e incapaces de cohesionar esa organización, abrirán un espacio para alternativas políticas que sean capaces de alentar un compromiso ciudadano de forma creativa, con una estrategia pragmática, sin descartar los principios y valores democráticos.  Para pasar la página hacia el siglo XXI, necesitamos más democracia, apoyar nuevos liderazgos sociales existentes, como la mejor posibilidad de construir un muro de contención frente a los caudillos presentes o cualquier otra figura providencial

La democracia es el motor principal que nos puede conducir a una sociedad  con mayor capacidad de desarrollo social con crecimiento económico.  Esta transformación de la cultura política  podría sacarnos del atraso  que nos ha anclado en el siglo XX, imponiéndonos formas conservadoras a través de un sistema de privilegios, que no sólo se está convirtiendo en una amenaza real para la gran mayoría, sino para los pocos que conforman nuestros grupos económicos. La nueva Casta del PLD nos está conduciendo hacia la irracionalidad total, para lograr su propia supervivencia. Se necesita actuar rápidamente o llegaremos cuando las cenizas estén frías, al final de la destrucción de nuestra democracia.

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